La presbicia o “vista cansada” es la pérdida gradual y progresiva de la acomodación, dificultando la visión de cerca.

La presbicia se produce cuando el cristalino, una lente natural del ojo, pierde su capacidad de acomodación visual para ajustar el enfoque a cada distancia. Con el paso de los años, la amplitud de acomodación se reduce, y con ello, disminuye la capacidad para ver objetos de cerca.

¿¿¿Y cuáles son los síntomas???

El primero y principal es la dificultad para enfocar las cosas de cerca, es decir, no distingues bien los objetos o te cuesta leer algo desde cerca, y por ello tiendes  alejarte o a ladear la cabeza hacia atrás para poder visualizarlo correctamente.

La presbicia, si no se corrige, además, puede ocasionar molestias en los ojos (cansancio, picor, enrojecimiento…) y cefalea.

Debemos de apuntar que la presbicia no es una enfermedad, sino que se trata de una evolución natural de la vista la cual suele ponerse de manifiesto en adultos a partir de los 40 años aproximadamente. Es a partir de estas edades cuando la mayoría de las personas (más del 60%) empiezan a notar que tienen problemas para enfocar los objetos cercanos.

¿¿¿Es posible de prevenirla???

Por desgracia la presbicia no se puede prevenir, ya que como hemos comentado anteriormente tiene más que ver con el “desgaste” que provocan los años y la edad.

¿¿¿Y se puede hacer algo para corregir la presbicia???

La única posibilidad es la corrección óptica, bien con gafas, lentes de contacto o cirugía refractaria.

La mayoría de las personas corrigen la vista cansada usando gafas graduadas; siendo éste el método más sencillo y eficaz para solucionar el problema.

Existen diferentes lentes para corregir la presbicia: monofocales, bifocales y progresivas, siendo éstas últimas las más cómodas, ya que ofrecen una adaptación sencilla y permiten una visión nítida a todas las distancias, sin necesidad de quitarse o levantarse las gafas para poder ver a larga o media distancia.