CUANDO ME RIO, MEJOR ME ENCUENTRO

Todos nosotros hemos sentido una gran relajación una vez nos hemos reído a carcajadas y hemos disfrutado tanto si estamos con personas conocidas o desconocidas. Y es que la risa tiene el poder de unir a las personas y de ayudar con según qué enfermedades.

Según estudios científicos; los ‘efectos secundarios’ de la risa (aunque la finjas frente al espejo) alivian el dolor, aumentan el bienestar psicológico, combaten el estrés y la depresión leve, suben las defensas e incluso ayudan a adelgazar. De hecho, existe una rama de la ciencia, la gelotología, que estudia la risa como terapia.

¿Por qué la risa combate el dolor?

Según se ha comprobado, la risa aumenta la segregación de unos neurotransmisores, las endorfinas, responsables de la sensación de bienestar y de placer. Estas sustancias se segregan en una región del cerebro, el hipotálamo y se liberan al torrente sanguíneo a través de la glándula pituitaria. 

Reírse de uno mismo mejora el bienestar 

La risa también es un antídoto para sentirnos mejor y tener una vida más gratificante. Y es que se ha visto que contribuye a disminuir los niveles de cortisol, y baja el estrés.

Finge que ríes, tu cerebro no lo notará

Los más pequeños son nuestros grandes maestros de la risa. Lo hacen de forma espontánea y continuamente encuentran motivos para desternillarse de risa. Un niño, de hecho, puede reírse hasta 300 veces al día. Sin embargo, cuando somos jóvenes nos reímos menos, unas 20 o 30 veces y nuestra risa es más intelectual y menos franca. De adultos podemos hasta olvidar qué es reír.

Reír en tiempos de crisis

Hay veces que, aunque la situación nos supere y pensemos que todo va mal, el tener un momento para soltar una sonrisa con los seres queridos puede ser una solución para sobrellevar la situación e incluso poder buscar una solución diferente o que no teníamos en mente al estar centrado en el problema.

Busca motivos para reírte y verás como empiezas un camino diferente.