Trastornos del sueño: ¿Cómo enseñar a dormir bien?

Los trastornos del sueño, junto con los trastornos alimentarios, son motivos frecuentes de consulta en pediatría de Atención Primaria.

Son causa de preocupación y frustración por parte los padres, sobre todo por su desconocimiento en cómo tratar, paliar o suprimir dichos trastornos que perturban a sus hijos.

La mayoría de los niños desarrollan problemas de sueño en sus primeros cuatro años de vida, y aunque suelen resolverse espontáneamente pueden tener una gran importancia por sus posibles repercusiones en la dinámica familiar:

  • Repercusión en el niño: disminuye la atención, aumenta la irritabilidad.
  • Repercusión en los padres: cansancio, frustración, separación de los padres para dormir con el hijo, acostar el hijo en la cama de los padres, etc.

El sueño normal

La vida exige una alternancia de fases de sueño y vigilia, variando la relación de estos dos períodos en función de la edad; aunque existen variaciones individuales.

El sueño de los niños es una actividad cambiante con el crecimiento. Nada tiene que ver el sueño de un recién nacido, con el de un niño de 3 años.

El sueño está compuesto por dos fases perfectamente diferenciadas: sueño y activo y sueño tranquilo.

Durante la fase de sueño activo (fase REM) se producen, movimientos rápidos de los globos oculares, sutiles temblores de mentón y extremidades. Se producen pequeñas pausas llamadas hipoapneas dando lugar a una respiración irregular. En esta fase es cuando hay actividad soñadora.

Después de unos 40-50 minutos en esta fase de sueño, el recién nacido pasa a una fase de sueño denominada sueño tranquilo (fase no REM), en la que el bebé permanece en completo reposo y con una respiración regular.

Durante su período de 3-4 horas de sueño el bebé va alterando las dos fases; sueño activo y sueño tranquilo.

El recién nacido suele dormir unas 16-20 horas; pero no es capaz de dormir muchas horas seguidas. Normalmente tiene de 5-6 periodos de vigilia/sueño diarios.

El lactante de 1-2 meses empieza el sueño en la fase no REM, es decir en el sueño lento que equivaldría a la fase de sueño tranquilo pero más elaborado. En el transcurso de los primeros  2-3 meses el lactante empieza a presentar períodos nocturnos de sueño, que primero son de 5 horas, después de 6 horas, después de 8 horas y posteriormente de 10-12 horas. Conforme aumenta la edad del lactante aumentará el número de horas ininterrumpidas de sueño.

A los 6-7 meses, un niño debe tener ya bien establecido el ritmo de sueño-vigilia de 24 horas, debe dormir durante la noche un promedio de 11-12 horas, iniciando el sueño entre las 20:00-21:00 horas, y despertándose entre las 7:00-9:00 horas. Debe realizar dos siestas. Una después del desayuno, de 1-2 horas, y otra después de la  comida del mediodía, que puede ser a de 2-3 horas.

Para que existan unos correctos horarios de sueño es imprescindible que el horario de comida sea bastante fijo.

A medida que avanza en edad, el niño va disminuyendo sus horas de sueño, sobre todo a expensas de las siestas durante el día.

¿Cómo enseñar a dormir bien?

Durante el primer año de vida el niño aprende varios hábitos. El de comer y el de dormir son los más importantes. Un niño a partir de los 6-7 meses debe iniciar el sueño solo,  sin llanto y debe tener una duración de al menos 12 horas seguidas sin despertarse que interrumpan el mismo.

La actitud de los padres es fundamental porque son los que comunican seguridad al niño. Esta actitud de seguridad va dando confianza al niño, que después de repetir la misma acción múltiples veces acaba realizándola correctamente. Los padres deben saber que los niños aprenden a dormir solos y no deben comunicarles prisas, intranquilidad ni inseguridad. Es importante intentar que cada día asocien al sueño los mismo elementos: su cuna, su peluche, etc.

Los padres deben abandonar la habitación cuando el niño esté todavía despierto y este debe entrar en sueño sin la presencia de los padres.

Para iniciar la modificación de los hábitos de sueño es básico crear un ritual alrededor de la acción de acostarse. Esta rutina debe ser un momento agradable que compartan padres e hijos y debe tener una duración de 5-10 minutos. Cantar una melodía, una pequeña historia o bien programar una actividad para el día siguiente.

Si el niño se despierta durante la noche, los padres esperarán un tiempo prudencial, por ejemplo un minuto antes de entrar de nuevo a la habitación para recordar al niño que duerme solo. Deberán emplear un tono tranquilo sin levantar nunca la voz y sin comunicar angustia al niño. Estarán con él no más de 30 segundos y volverán a marcharse. Cada vez esperarán más tiempo a la hora de entrar en la habitación del niño.  Lo importante es que el niño vea que los padres no le abandonan y cada vez que entran están tranquilos.

Con un tratamiento adecuado de reeducación del hábito del sueño se consigue que un niño aprenda a dormir correctamente en 7-10 días.

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