Trastorno Bipolar: Preguntas frecuentes

¿Qué es el trastorno bipolar?

El trastorno bipolar es una enfermedad que afecta a los sistemas cerebrales de regulación del estado de ánimo. Consiste en la alternancia de períodos o episodios de exaltación anímica denominados manías (o hipomanías) y de otros episodios de depresión, así como períodos de estabilidad y recuperación entre dichos episodios. Se dice que es crónico y recurrente, porque aunque la persona se puede recuperar completamente tras un episodios, si no se realiza un tratamiento preventivo los episodios vuelven a suceder.

¿Cuáles son las causas del trastorno bipolar?

Las causas son fundamentalmente biológicas, y entre ellas, la genética es probablemente la más importante. Sobre esa predisposición más o menos elevada, actuarían otras causas, principalmente como desencadenantes del proceso de enfermedad. El consumo de algunas drogas es uno de los factores desencadenantes más importantes. El estrés y la falta de sueño son otros factores desencadenantes bien reconocidos. Estos desencadenantes provocarían alteraciones en las concentraciones de algunos neurotransmisores (serotonina, dopamina, noradrenalina, y otros) en áreas del cerebro que regulan la vida emocional, provocando los síntomas de la enfermedad.

¿Qué es la manía?

El significado del término psiquiátrico “manía”, no tiene nada que ver con el significado del término a nivel coloquial, que se refiere a una rareza o, a veces, un ritual de conducta que se traduciría en el lenguaje psiquiátrico como “compulsión”.

La manía es un cuadro de exaltación de las emociones que se caracteriza por un cambio marcado en el estado de ánimo del individuo que pasa a ser claramente eufórico y/o irritable, y que se acompaña de un incremento de la energía, de la actividad, reduciéndose la necesidad de sueño, con verborrea, incremento de la autoestima, llegando a veces a desinhibición de la conducta, incremento de gastos, indumentarias más llamativas, etc.

¿Se puede hacer algo para curar el trastorno bipolar?

Desgraciadamente, a día de hoy no existe cura para el trastorno bipolar. Sin embargo, se pueden hacer muchas cosas para que la enfermedad esté controlada y evolucione mejor. Tomar bien el tratamiento farmacológico, participar en tratamientos psicoeducativos, evitar el alcohol y las drogas, tener una vida ordenada con horarios regulares y asegurando el sueño, y evitar situaciones de elevado estrés son fundamentales para un adecuado control de la enfermedad.

¿Se puede llevar una vida normal si se padece trastorno bipolar?

Sí. De hecho, se debe llevar una vida lo más normal posible. Es cierto que hay casos o períodos en los que la enfermedad se ha agravado y el funcionamiento normal se ve dificultado. El tratamiento irá dirigido no solo a eliminar los síntomas, sino también a restablecer unos hábitos que permitan recuperar el funcionamiento habitual y mejorar la calidad de vida.

¿Hay que hacer análisis de sangre con regularidad?

Cuando se está realizando un tratamiento farmacológico continuado, suele ser necesario realizar análisis de sangre periódicos. El objetivo principal es controlar que no se estén produciendo efectos adversos derivados de los fármacos, como una alteración del tiroides, un problema hepático o renal, o un incremento del colesterol o la glucosa. Si no hay complicaciones,  lo más habitual es que las analíticas sean una o dos veces por año. Sin embargo, una segunda función de las analíticas es medir las concentraciones de litio en la sangre para ajustar la dosis y que el fármaco se mantenga dentro del intervalo terapéutico.

¿Qué puede hacer la familia para ayudar?

La familia tiene un papel muy importante que puede ayudar a una mejor evolución de la enfermedad. En primer lugar, conviene evitar las actitudes extremas. Ni la sobreprotección e hipervigilancia que llevan a una pérdida de autonomía del paciente, ni la negación de la enfermedad culpando al paciente de los síntomas que padece. Se debe entender que el paciente es una persona que funciona de forma normal y es autónoma en las fases de eutimia y remisión, pero que puede requerir ayuda y supervisión cuando padece un episodio.

Es fundamenatal que la familia asuma y apoye la necesidad de un tratamiento farmacológico mantenido.

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