Recomendaciones para el cuidador y el paciente con Demencia

El avance de la demencia agudiza los síntomas iniciales (pérdida de memoria, dificultades en el lenguaje, desorientación), lo que conlleva la pérdida progresiva de la capacidad del paciente para cuidar de sí mismo.

El cuidador se convierte gradualmente en un apoyo indispensable para el paciente y deberá encontrar soluciones a las dificultades que vayan surgiendo en el día a día.

 

¿Qué sucederá cuando aparezcan dificultades en las actividades diarias?

Con el avance de la enfermedad, el paciente irá perdiendo capacidad para cuidar de sí mismo y realizar muchas de las actividades cotidianas. Será entonces cuando la figura del cuidador se irá haciendo cada vez más necesaria para vigilar y hacerse cargo de las necesidades del enfermo.

El cuidador, ya sea un familiar, una amistad o una persona contratada, es por tanto una figura enormemente importante a la que debe cuidarse para que pueda ser capaz de acompañar y cuidar del enfermo en su trayectoria, sin que este esfuerzo repercuta negativamente en su propia salud.

El cuidador, además de asistir al enfermo en las actividades básicas de la vida diaria (bañarse, vestirse, comer, etc), tendrá que lidiar con otros problemas en muchas ocasiones más estresantes, como los cambios conductuales (irritabilidad, apatía, alucinaciones…) o las alteraciones cognitiva (memoria, lenguaje, razonamiento, orientación espacial…). Es conveniente, por tanto, conocer y utilizar el máximo número de estrategias que faciliten el manejo de los problemas que puedan surgir y favorezcan el cuidado, seguridad y bienestar de los pacientes.

¿Cómo conservar una buena alimentación?

Con frecuencia aparecen alteraciones en la alimentación de los enfermos de Alzheimer, como por ejemplo la pérdida de apetito, o el apetito constante e insaciable a veces reforzado por el olvido de haber comido; en otras ocasiones, los cambios en la alimentación consisten en la selección de unos pocos alimentos no siempre nutricionalmente equilibrados (dulces, pan y leche, yogures…). Además, pueden existir problemas a la hora de comer por las propias dificultades en el manejo de los cubiertos (sobre todo, cortar con el cuchillo), masticar, beber…

Una dieta rica en proteínas y vitaminas e intentar reducir el consumo de grasas animales y dulces es aconsejable para reducir el deterioro físico.

  • Iniciar las comidas siempre  a la misma hora y en el mismo lugar. Las rutinas preparan al enfermo hacia la acción y le permiten orientarse.
  • Si todavía es capaz de comer por sí solo, dejarle que lo haga vigilando que las cantidades y los alimentos elegidos sean adecuados.
  • Limitar el ruido y otras distracciones durante las comidas puede ayudar a la persona a concentrarse en la comida.
  • Servir pequeñas porciones de comida nos permitirá ofrecerle varias comidas pequeñas a lo largo del día, lo que resultará muy útil sobre todo cuando constantemente desee comer y nos diga que todavía no ha comido.
  • Utilizar cañitas/pajitas o tazas con tapa para facilitar que la bebida no se vuelque.
  • Se tiene dificultades para utilizar los cubiertos, servirle alimentos cortados, que se puedan comer con cuchara o que puedan comerse con las manos.
  • No olvidar los líquidos, fundamentalmente en periodos estivales. La sensación de sed podría estar afectada, con el consiguiente riesgo de deshidratación.
  • Llevar al enfermo al dentista para mantener la boca y la dentadura saludables.

¿Qué podemos hacer para mantener la movilidad?

En general, durante las fases iniciales y media de la enfermedad de Alzheimer, el paciente no presenta dificultades en la deambulación y es recomendable que intente caminar al menos 30 minutos diarios para obtener su máximo beneficio.

En las fases finales de la enfermedad el paciente no puede moverse y se confina a una cama o una silla en donde recibirá todos los cuidados necesarios (alimentación, higiene…).

Durante esta fase el principal problema lo constituyen las úlceras por presión que pueden originarse en situaciones de excesiva inmovilidad. Es importante ayudar a prevenir las úlceras por presión haciendo que el enfermo cambie de posición con frecuencia, y en caso de que aparezcan es conveniente prestarle una atención inmediata por el riesgo de infección que existe y por se causante de dolor.

¿Qué podemos hacer si está confuso, agitado o agresivo?

Cuando el paciente se halla confuso y no sabe dónde está ni quiénes son las personas que le rodean, puede presentar un estado de agitación y una conducta agresiva como respuesta a una situación que no puede comprender.

Algunos consejos para gestionar estas situaciones:

  • Mostrar calma y no levantar el tono de voz.
  • Dirigirse a él utilizando su nombre propio y alejarlo de las personas que le resultan provocadoras.
  • Buscar el contacto visual, cogerle las manos mostrando serenidad y tranquilidad.
  • No realizar movimientos bruscos y explicarle qué se va a hacer.
  • Distraerle y centrar su atención en algo placentero. En ocasiones hay que buscar un ambiente o actividad distinta.

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